¿Quién me iba a decir que un día llegaría a despreciar la música? Tuvo que llegar OT, la supergeneración de analfabetos, para que la tele bombardeara con canciones a los pobres e incautos espectadores, que no podían entender porque iban en masa a comprar el nuevo disco de alguien que hacia tres meses no sabía que era cantar.
Las discográficas, al principio, no lo entendían bien. “¿Todavía se puede caer más bajo?” se dirían. Imagino a los pobres cazatalentos destrozados, encerrados en sus casas, con camisas de fuerza: “No puede ser, no puede ser”. Y los críticos en pie de guerra, así como los 40 Principales, diciendo que no nos confundiéramos, que esa música prefabricada no decía nada, que no compráramos artistas vacíos. El gobierno, ante la posible pandemia de incultura, retiró el programa de la cadena pública. Todos los músicos del país protestaron, las productoras les cerraban las puertas a los triunfitos, y nadie quería tocar con ellos en sus bolos. Las publicaciones especializadas, y las cadenas de radio comprendieron que era mejor el silencio que ese nuevo producto saturado y prefabricado que ofrecían.
¿O quizás no? No, no, creo que no fue así. Creo que todos aceptaron, todos pusieron el culo, y no tuvieron problema por aceptar el seudo sonido nuevo, que, eso estaba claro, vendía. No hubo ningún tipo de críticas desde el mundo de la cultura, nadie habló del cataclismo cultural que se avecinaba. Y, ahora, tenemos que aguantarnos porque tenemos la música que nos merecemos. Y nos vamos a tragar el “quien me iba a decir” hasta que nos revienten los tímpanos.

¡¡¡ABSOLUTAMENTE DE ACUERDO!!!
¿"Quién me iba a decir"... que llegaría a odiar tanto a una persona a la que no conozco personalmente? ¡Mira que es difícil! Pues el capullito éste de OT, con su música enlatada y mierdosa, y todos sus hermanos clónicos (porque hacen todos lo mismo), lo han conseguido. Apoyo completamente este artículo. ¡En el nombre del amor, que alguien pare esto!