No solo de blues vive este hombre, y salto la bestia, haciendo piruetas guitarreras dentro de una bateria de cadencia sureña de The Stooges. Podria haberse quedado ahí, en el chico medio endemoniado que arruinó una gran orquesta clásica, pero conoció a Bowie. En 1972 el rock convulsionante post-hippie buscaba nuevas salidas, y el glam protestón se imponia en un oceano de ideas nuevas, contra cultura, drogas, y libertad sexual. En Berlin, donde el inseparable duo paso dos años alimentandose de leche enriquecida y coca, Iggy Pop dió forma a su legado más punk: "Raw Power" y "Open up and bleed".
Un año despues desandó el camino emprendido en el 73 con Raw Power, lanzando "Rough Power", temas remezclados con otra concepción, mucho más salvaje, pero de estudio.
Iggy es el padre de los Clash, de Lou Reed, de Johnny Rotten, de Lords of the New Church, de Nirvana, del directo demoledor, de la fuerza corporal al representar los temas, y de la iconografia punk de Londres.
En su serie de discos complementarios del 86 al 93, que concluye con American Caesar, digno de las 5 estrellas, cambia de parametros, hace música rock and roll, pero escupiendo en la calidad de los demás con el insulto de su caracter.
Por último decide volver al 73, a su época berlinesa, y gritar en nihilismo, con algunos tintes más hardcoretas, como la canción que denomina el album "Beat'em all".
Iggy sigue en los escenarios, en ocasiones machacando el micro, en ocasiones miccionando desde los amplificadores, pero siempre siendo una iguana salvaje.

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