"De como mi vida y la música estan irreparablemente unidas" o "Zika"
Yo escupía a Cicatriz. Recuerdos me sobran, pero me falta claridad. Viana era un lugar para escuchar punk, y vivirlo de cerca. La disconformidad radical de mis 14 añitos hizo lo demás. Me acuerdo de José Cuervo con amargura en la garganta, mientras un corro de descerebrados hacíamos un pogo en un bar. Nos encantaba la brutalidad animal que desataba en nosotros ese sonido metálico de cadenas y guitarras, y veíamos con claridad lo inoportuno de la vida diaria.
A lo mejor nos vestíamos con chupas y botas, o a lo mejor no. A veces alguno llevamos cresta, pero eso era lo menos punk que teníamos. Todo lo demás eran transgresiones más o menos graves, más o menos arriesgadas. Mi canción preferida era Escupe, con su correspondiente representación: Cada vez que el estribillo decía “escupe” yo lanzaba un sórdido japazo a la calle, a el mobiliario de clase, o a alguien indefenso (cobarde de mi) que pasara por allí.
Y rompíamos cosas, siempre cantando canciones de Nacho. Recuerdo una noche en la que arrancamos dos señales, y dejamos sin luz un local lleno, tarareando cual Drugos la canción de Inadaptados (¡somos punkis mutantes inadaptados, en un mundo de retrasados/ y me siento feliz por ser un subnormal!)
Éramos subnormales, nos encantaba serlo, destacar nuestra fealdad, nuestro lado más bestial. Absolutamente nihilistas sin tener ni idea de que era eso, sentíamos odio y desprecio ante todo, e incluso a nosotros mismos, y las drogas, como no, eran una manera más de autodestrucción desesperada. Nada contenía la insatisfacción de la adolescencia.
Idealistas de la nada, creíamos que divertirnos era nuestro cometido, y que no importaba como lo hiciéramos, o a quien perjudicábamos. Multas, golpes, y sobre todo, llamadas a mi casa al día siguiente, por cosas que ni siquiera recordaba, era lo que más recibía. Pero era tan entretenido descargar adrenalina, mientras te susurraban: y me vuelvo… loco por tu cuerpo, loco por tu amor, loco por tu culo, loco compréndelo.
Mi relación amor/odio con Zika tuvo su momento más negro el día que robé el disco directo de un súper de Logroño: Mi padre tuvo que venir a sacarme del lió, pero aun conservo el disco de 995 pesetas, con cierto cariño.
Un día cambiamos, de repente y sin venir a cuento, dejamos de sentir que nos ardía el estomago de madrugada, sin entender que habíamos hecho durante tanto tiempo, ni porque encontrábamos un placer tan sincero en todo aquello. Y nos alejamos de los gasteiztarras, casi para siempre.
Algunas noches, aun voy a mi antigua casa y pongo uno de esos discos, de Cicatriz, o cualquier otro, y recupero alguna camiseta rota llena de imperdibles, y me duermo con la sensación de estar en un antro que nos encantaba que se llamaba Florida, gritando alguna consigna que resuena dentro de mi, como antes.

Leticia dijo
Jo, 995 pesetas, ¡qué tiempos! ¡Y qué bien escribes, Arturo!
7 Noviembre 2006 | 07:56 PM