El mendigo
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Un viento frío corría las calles de Madrid en aquella oscura tarde de invierno. La gente hacía cola para entrar en el gran teatro donde estaba a punto de empezar el concierto del famoso violinista navarro Pablo Sarasate. La espectación era máxima.
Durante la actuación Sarasate supo contentar a su público, tanto que complació gustoso los apláusos y aclamaciones cuando le pidieron entusiasmados varios bises de unas piezas que él mismo había creado para aquel gran evento. Era el día de Nochebuena, en el que Pablo Sarasate supo glorificar con su música al Niño Dios que nacía pobre y humilde en Belén.
El éxito fue rotundo. A la salida del concierto un notable número de asistentes se agolpaban para felicitar a nuestro extraordinario artista. Cuando éste salió empezó a agradecer los elogios sin darles mayor importancia, mientras bajaba la avenida. El frío era ahora más intenso y el viento silbaba con fuerza, lo que provocó que el sombrero de Pablo Sarasate echara a volar. Corrió tras él dejando en el suelo el estuche con su violín, alzó la vista y vió como su sombrero había ido a parar a los pies de un pobre mendigo que sentado en el suelo tocaba un viejo violín intentando conseguir algo con lo que cenar esa noche.
Se acercó al mendigo, recogió su sombrero y le pidió que le prestara aquel viejo violín. El mendigo sorprendido le acercó el instrumento a Sarasate, el cual empezó a tocar un dulce melodía, el sonido que arrancaba del humilde instrumento acalló el ruido que entorno a él había y la gente embelesada escuchaba atónita aquella preciosa canción. Durante más de un cuarto de hora estuvo Pablo Sarasate tocando ese destartalado violín que hizo olvidar el viento y el frío a quienes lo escucharon. Cuando acabó, dejó el violín y quitándose el sombrero lo fue paseando entre el gentío. Se acercó al mendigo y le dió su sombrero repleto de monedas y billetes.
El mendigo bajó la cabeza y emocionado empezó a llorar.
Pablo le preguntó: -¿Lloras acaso porque nunca antes habías visto tanto dinero?
El pobre mendigo, agradecido miró el violín y a continuación respondió con lágrimas en los ojos: -No lloro por el dinero. Lloro porque jamás pensé que de ese sucio y viejo violín pudiesen salir melodías tan bellas y dulces...
Mirándole con gran dulcura a los ojos, Sarasate asintió: - No tiene nada de extraordinario ver como de un pobre y roto violín salen bellos acordes. Cada uno de nosotros somos ese pobre y viejo violín. Lo importante no es lo poco que vale, sino el gran cariño con el que es tocado, así nosotros sólo tenemos que dejarnos tocar por el Niño Dios, que hoy nace para con cariño y ternura transformar nuestro corazón y hacer bellos instrumentos de amor a los hombres.
El mendigo dió gracias a Dios por la bondad de Sarasate, y dándole un abrazo le pidió que aceptara ir con él a un sencillo albergué donde celebrar la Nochebuena.
Tal y como os la he contado sucedió esta entrañable anécdota. El gran Pablo Sarasate no sólo tenía un gran talento para tocar el violín, sino un gran corazón donde Jesús también nació.
Hoy es Nochebuena, Dios se hace hombre y viene a la tierra, déjemos que nazca y se quede en nuestro corazón también.
Os deseo a todos una feliz Navidad:
Fernando Zubicoa

cuesta dijo
Feliz navidad a los autores de este gran blog tmb !
24 Diciembre 2006 | 06:35 PM