La callejuela Heddon Street esta situada en paralelo a la calle Regent, una de las arterias principales de Londres, que comunica Picadilly con Oxford Circus. Heddon esta sucia, y alberga poco más de unos 30 portales a cada lado de modestas casitas de dos plantas.
Aunque no es un barrio trabajador, los habitantes de la zona entre el Soho y Sant James conservan esa manera de relacionarse dentro de la limitada comunidad, esa tendencia a diferenciarse de los visitantes o de los del extrarradio de la ciudad. Se creen los autenticos londinenses, y para mi realmente lo son.

Este verano tuve ocasión de volver a Londres. Me hospede en la centrica Oxford Street, por lo que pude tomar contacto con los particulares habitantes del centro de Londres. Por las mañanas compraba fruta para desayunar al lado del barrio chino, y luego vagaba por el centro para encontrar situaciones y personas interesantes que me diesen alicientes para pasar el dia.
En realidad, Londres para mí supuso el punto de inflexión
entre dos periodos muy concretos. Llevaba mucho tiempo sumido en una depresión que aumentaba dia a dia al constatar que mi talento se esfumaba. Me estuve medicando un par de meses, pero fue esteril, y para cuando llegué a Londres habia dejado de tomar las pastillas azules hacia tiempo.
Una noche, sentado en el jardincito pequeño de un bar, conocí a Elein, y a partir de ese dia desayunamos fruta del barrio chino todas las mañanas. Por la noche, tocabamos el piano de la manera más gamberra que jamás hubiera imaginado. Cuando le conté que había suspendido mi examen final del conservatorio ella se sintió entusiasmada, pareció obviar el hecho del suspenso, y solo le dio importancia a tener delante de sí a un músico. “No soy músico, le
dije, ya te he explicado que suspendí. Ni siquiera se si quiero volver a tocar alguna vez”. Ella lo comprendió al momento, por eso desde entonces tocamos el piano de su salón todas las noches.

Elein era una chica panameña que se habia criado en una familia
tradicional y adinerada. Le habian enviado a Londres para escribir
una novela. No habia terminado ni una sola linea debajo del titulo en los cuatro meses que llevaba, pero en cambio, tenia mas de un palmo de folios garabateados con poesias de toda indole. “Mis padres no consideran que la poesia sea un medio de ganarse la vida” me explicó escuetamente. A Elein lo que le apetecia era escribir poesia pero se veia arrastrada a un destino que no habia elegido ella. “Yo se que si me prohibieran escribir novelas, tendria
publicadas mil para este momento, pero esta es mi forma de ser. Me cuesta sentarme a elaborar mi historia con la presión de tener
que escribirla, y no estoy hablando solo de un acto de rebelión.
No quiero que me impongan las cosas, veo le arte más bello cuando lo he hecho por mi misma, y por eso prefiero mis poemas feos que la mejor de las novelas impuestas”
Elein era una apasionada de la música, en especial de David Bowie.
Le encantaba su forma de tocar el piano, y de encajar sus melodias clásicas sobre instrumentos modernos. He de admitir que hasta el momento en que Elein me habló de él, yo nunca me habia sentido atraido por la música de Bowie. Entonces empecé a escucharlo, y descubrí un mundo de sonido clásico sobre unos fondos de bajo que recuerdan al jazz más puro.
Me admiró la sutileza en la ejecución al piano, y como contrastaba con esa manera tosca de tocar de los ingleses, la violencia en los tempos. Una noche Elein me llevó hasta Heddon Street y me enseño la portada de un album de Bowie. La foto estaba sacada en esa calle oscura por la que tantas veces habia pasado sin prestarle mayor importancia. “¿Sabes porque eligió Bowie esta calle para su mejor obra?, me pregunto Elein, porque era la suya”.

Cuando regresé a mi casa en septiembre volví a presentarme al
examen final de piano. Preferí una derrota propia que mil victorias de los demás.